Te lo dije… Qué no hacer para evitar que te lo digan después de la reforma

Generalmente no tenemos oportunidad de hacer muchas reformas en nuestra vivienda, a lo largo de nuestra vida. Por eso, es frecuente cometer errores, y que luego alguien nos venga con el “te lo dije…” Vamos a ver algunos errores habituales, para evitarlo.

1. No saber lo que queremos: es fundamental estudiar nuestras necesidades. Analizar cómo vivimos ahora, y cómo nos gustaría vivir. Qué cosas no nos gustan de nuestra casa actual, y cuáles nos gustaría mantener en la nueva. Sólo así acertaremos con la reforma: si adaptamos el espacio a nuestras necesidades. A menudo, repetimos modelos tradicionales, de distribución, por ejemplo, sin pararnos a pensar que podríamos cambiar las cosas

2. Hacer la reforma que le gusta a los demás: nuestros amigos, nuestros padres, el reformista, el arquitecto… todos van a opinar, pero sólo tú vas a vivir en tu nueva casa. Escucha a todos, pero no “obedezcas” a ninguno.

3. Hacer la reforma de otra casa en nuestra casa: tenemos que ser conscientes de la vivienda que vamos a reformar: su tamaño, sus limitaciones, sus virtudes y defectos. Puede que queramos tener 4 dormitorios, salón con comedor, cocina con comedor, 2 baños y un aseo, todo exterior y con vistas… Pero a lo mejor la realidad no nos deja hacer eso, y tenemos que unificar el espacio en un único comedor, o renunciar al baño en suite, por un aseo de cortesía… Si tenemos poco espacio, hay que aprovecharlo, tendiendo a espacios únicos multiusos, en vez de dividir mucho el espacio.

4. Predeterminar la reforma: cuando empezamos a pensar en la reforma, solemos tener una idea inicial, que pensamos que puede ser la solución. A menudo, sobre todo si contamos con arquitecto, éste nos dará otras alternativas. Analízalas bien antes de descartarlas, porque seguramente puedan estar bien.

5. Quedarnos a medias por miedo al coste: muchas veces tenemos la duda: ¿tiramos el tabique o no?, y finalmente no lo tiramos por miedo al coste. Pues bien, la respuesta es ¡tiralo! El precio de una modificación de tabiquería, frente a los costes fijos de instalaciones, acabados de cuartos húmedos, ventanas, etc… es irrelevante. No escatimes en el alcance de modificar los espacios por miedo al coste, porque agradecerás el espacio resultante a un coste mínimo.

6. Ahorrar en donde no tenemos que ahorrar: hay cosas en las que merece la pena invertir en mejorar, y cosas que pueden esperar. Ahorrar en aislamiento, térmico o acústico, o impermeabilización de paredes, suelos o techos es un gran error, fácilmente cuantificable luego en la factura de calefacción. Lo mismo pasaría con las ventanas. Si tenemos un presupuesto limitado, recorta en otras cosas, como los materiales de acabado, o los sanitarios. Dentro de cierto margen de precios, los materiales de solado o alicatado tienen una calidad y durabilidad óptimas, y un aumento sustancial del precio no se traduce en un aumento proporcional de sus prestaciones. Igualmente, con los sanitarios, hay muy buenos diseños en las marcas “estándar”, y a precios asequibles. Desde nuestro punto de vista, ahorrar en no contratar un arquitecto también es un error, ya que es más una inversión que un gasto. (aunque seguro que aquí hay dudas sobre nuestra objetividad…)

7. Hacer la obra sin un proyecto: una vez decidida la reforma, tenemos que tener un documento: planos y mediciones de obra, que definan exactamente la obra que vamos a realizar. Con los planos, el reformista sabrá exactamente lo que tiene que hacer, y no tendremos sorpresas. Con las mediciones, sabremos exactamente lo que nos va a costar, y tampoco tendremos sorpresas. Podemos hacer la obra sin proyecto, pero tendremos que explicar muchas veces lo que queremos, y tenerlo muy claro, para explicarlo bien. Sin las mediciones no podremos controlar los costes, y estamos a expensas de lo que estime el reformista.

8. No contar con varios presupuestos de obra: puede que nos lo haya recomendado un amigo, o que confiemos mucho en él, pero no es bueno contar con un único presupuesto de obra, porque nos resta criterio. No hay que pedir cien presupuestos, pero con tres, ya podemos hacernos una idea. Generalmente, las cosas tienen un precio, y quitando bajas temerarias, o precios hinchados, todos estarán dentro del mismo rango. Así podremos comprobar que los precios de nuestro “amigo” son “normales”, o incluso podremos negociar algo.

9. Nunca el todo incluido: una obra no es una barra libre, y todo tiene un precio. Tampoco cuestan igual todos los materiales, ni es lo mismo una reforma integral, que cambiar el alicatado de un baño: exige siempre precios unitarios para cada partida, conforme a unas mediciones previas. Antes de empezar la obra tienes que saber qué cuesta el metro de rodapié, o la puerta que te van a poner.

10. Las cosas básicas: aunque muchas veces no las hacemos: contratar a gente responsable, no guiándonos únicamente por el precio, solicitar la licencia y autorizaciones necesarias, para poder realizar la obra con cierta tranquilidad, no modificar elementos estructurales o instalaciones generales del edificio sin contar con un profesional que nos diga cómo hacerlo, si se puede hacer, no permitir que entren a nuestra obra vecinos, o personas ajenas…

Como siempre, cuando hacemos algo por primera vez, tratamos de buscar alguien con más experiencia para que nos ayude. Quizá la mejor forma de evitar un “te lo dije…” es contar con un profesional que, efectivamente nos lo diga. Y hacerle caso…

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